miércoles, 17 de abril de 2013

VIENTO GÉLIDO


El tiempo pasa, silba el viento, 
me roza el rostro con atrevimiento,
me susurra, pero no atiendo,
la ausencia se apodero de mí.
Ya no hay pulso,
la sangre de mis venas quedó congelada,
atrapada por el espeso y gélido viento.

Quisiera huir del tiempo, pero no puedo. Ágil e inconmovible
pasó sin advertirme que era rápido,
mucho más rápido que el propio viento gélido
que congeló mi sangre.