martes, 7 de enero de 2014

A LA ORILLA DEL MAR




Sentado a la orilla del mar.
una paloma blanca
viene a susurrarme al oído,
ráfagas de placer recorren mi cuerpo
medio dormido.
Me acurruco bajo un tronco
que la mar ha escupido
y aquí sentado, sueño, medio despierto
medio dormido.

La paloma extiende sus alas,
me cobija del frío,
y es que sus alas son las del amor,
amor que mata el frío.
Qué sensaciones siente 
mi cuerpo dolorido:
olor a sal, reflejo del sol sobre las aguas,
serenas, de un mar tranquilo,
avistando pesqueros, proa a puerto.

Multitud de gaviotas los persiguen
en busca de los peces: caen al mar
desde las redes, y caen sobre cubierta 
la bendición de un día 
para ellos festivo.

La paz extrema baña mis sentidos,
me hace sentir feliz por este día 
que comparto contigo.
bendito este día que vivimos,
cargado de sentires compartidos.


© Vicente Devesa 2014.

CORAZÓN DE NIÑO





La tristeza me arrebata el alma,
el destino incierto me tiene consumido.
Los recuerdos de mi niñez
son mi único alivio.

El sonoro palpitar de un corazón
fuerte e impulsivo,
que me dejaba ver la locura
y el sinsentido de una vida 
que no entendía de malos sueños
ni de pérdidas por el camino.

¡Qué bonito!
vivir siempre con el sonoro palpitar
de un corazón de niño.

© Vicente Devesa 2014.

¿SERÁ MI DESTINO?




Caminos pedregosos,
luces y sombras,
andares sin rumbo,
nostalgia que empapa de recuerdos
mi alma.

Silencio compartido, 
oculto bajo la bruma,
no puedo mirar atrás
no, no debo, he de mirar adelante,
pero
mi alma se acongoja al ver dos caminos,
¿Cuál tomar?
uno me lleva por sendas inciertas,
el otro hacia una luz cegadora,
una luz que no me deja ver
más allá del resplandor
que filtra la bruma.

Agarra mi mano, dejaré que me lleves,
dirige tú mi camino
que yo andaré con sigilo,
aunque sé que si lo hago
ya no podré desandar
lo que anduve contigo.
¿será mi destino perderme 
entre la soledad y el desvarío? 

¡Si al menos fuese contigo!