jueves, 1 de agosto de 2013

UNA FRÍA Y EXTRAÑA NOCHE DE DICIEMBRE.






Fue un día lluvioso y frío, mis manos no obedecían, quise dirigir mis pasos pero el frío anulaba mis sentidos.
Paré a descansar y entonces vi una casa a lo lejos, prometía una taza de café caliente, así que me dirigí hasta ella. Cuando me acerqué, un chispazo recorrió mi espina dorsal: aquella casa parecía sacada de una película de terror.

La noche oscura y el cortante frío comenzaban a paralizarme, vi humo salir por la chimenea y pensé: 'un alma caritativa me ayudará, mi coche quedó a dos Km. atrás, una avería no me ha permitido avanzar'. 
Llamé a la puerta pero nadie contestó, estaba seguro de que había alguien, el sonido de una vieja gramola llegaba hasta mí, ¡pensé! Aquí debe de vivir algún viejo igual algo sordo por el volumen de la música y no oye el timbre, así que volví a llamar pero nada, nadie abría la puerta. 
Busqué una ventana por donde ver si había alguien Vi una butaca de las llamadas orejeras. El cabello de alguien se dejaba entrever por encima del respaldo. ¡Vaya! Se habrá dormido… volví a llamar, entonces se abrió la luz del porche, el sonido del cerrojo abriéndose hizo que me estremeciera, pensé: ¡estoy a salvo! 

La puerta se abrió y una hermosa mujer me dio la bienvenida, tenía el cabello castaño casi rojizo, largo hasta la cintura, sus ojos eran bellos, —color caramelo— su piel tersa, una figura hermosa, parecía sacada de una película de los años cincuenta; su cintura estrecha y un vestido a lunares rojos así lo confirmaban, estaba claro que esta mujer no iba a la moda de ahora.
— ¡Hola!  ¿Qué le trae por aquí a estas horas y con este frío?
—Mi coche me ha dejado tirado a 2 Km. De aquí y necesito ayuda, ¿puedo usar su teléfono?
— ¡Sí! Ahí lo tiene pero dese prisa mi marido está a punto de llegar y es un hombre muy celoso.
—Miré hacia donde la mujer me indicó, no vi ningún teléfono, sus manos hicieron como que descolgaba y llamaba a alguien.
—He llamado a Estefan, él tiene una grúa, pronto estará aquí, hable con él.
—Le seguí la corriente, estaba claro que aquella mujer no estaba bien, hice como que agarraba el teléfono y entonces escuche una voz.
— ¡Si dígame!
—Hola  mire he tenido una avería, mi coche se ha parado a dos Km. de la casa ¿de?
—Isabel González, él me conoce— dijo la mujer.
— ¡Isabel!, —Estefan no me dejo terminar— González dijo el hombre. Sí, la conozco, déme 30 minutos.
— ¡Ok! Gracias señor.
Pensé que estaba soñando, debo de estar tirado por ahí inconsciente y estoy soñando, me dije para mí, aquí no hay ningún teléfono y yo hablando solo, la mujer se veía nerviosa.
—Espero que Estefan llegue pronto.
Entonces como si la mujer estuviese en trance volvió al sillón y se sentó mirando hacia una televisión apagada, era una televisión muy antigua pensé: Dios mío ¿Dónde estoy?
—Señora, ¿puede decirme en qué año estamos?, la mujer me miro extrañada y con una sonrisa en los labios me dijo:
— ¿No sabe ni en que día vive? 14/11.
— ¿De qué año? Pregunté.
— ¿No sabe ni el año? Mil novecientos cincuenta y tres.
— ¿Qué? Pregunté en voz alta. La mujer me miró extrañada, seguro que pensaría que estaba algo loco.
Pero ¿Qué está pasando aquí me dije? Pero si estamos en el día 6 de diciembre del 2012.
—Por favor señor, preferiría que esperase en su coche, mi marido está a punto de llegar, es muy celoso y me da miedo que le haga algo.
— ¿A mí? ¿Pero por qué? Si sólo he tenido una avería y vine a pedir ayuda, ¿Cómo no va a comprender esto?
—Usted no lo conoce, ya me ha dado varias palizas, de hecho creo que me mató, no estoy segura. Entonces volvió a quedarse mirando hacia la TV.
—Mi piel se erizó, comenzaba a comprender, o al menos eso creí, seguro que estoy soñando o mejor es alguna alucinación… de pronto escuché un coche, pensé: ya está aquí la grúa, miré afuera y vi un coche, ¡Dios santo! el coche es de los años 50 o 60, no sabría decir marca ni modelo, lo seguro es que era muy viejo; vi bajar a un hombre joven bien trajeado, el traje era antiguo como el de la mujer.
—Dios. es mi marido, salga usted por atrás o me matará de nuevo.
— ¿De nuevo?
—Si estoy reviviendo esto desde hace mucho tiempo ahora lo recuerdo, en cuanto llegue Estefan se pondrá hecho una furia, no me creerá, sacará su revólver y nos disparará.
—Pero señora eso no es posible, —le dije.
—Sí que lo es, los dos estamos enterrados en el jardín debajo de unos rosales blancos. De repente me empujó y me hizo salir por la puerta de la cocina. Me quede mirando por la ventana.
—Hola mi amor ¿Qué tal tu día? Dijo la mujer al marido.
—Acaso te importa, —contestó éste con malos modos.
—Claro que me importa, eres mi marido, —de pronto sonó el timbre: era el mecánico.
—Hola dijo Estefan, vengo  a arreglar el  coche.
— ¿Qué coche? —preguntó el marido.
—Francisco,no te alteres, ha venido un hombre diciéndome que se le había parado su coche a dos Km. de aquí.
—Acabo de llegar ahora y no hay ningún coche parado a dos Km. de aquí.
—Entonces ¿Qué hago? pregunto el mecánico.
El marido sacó una pistola y apuntando al mecánico le dijo: —vienes  a acostarte con mi mujer?
— ¿Pero que dice señor González? Sólo vengo a atender una llamada.
— ¿Y tú crees que me chupo el dedo?
Sonó un disparo y el mecánico cayó en el acto. De pronto el marido se giró y después de soltarle toda clase de insultos a la mujer, le disparó. Quedó tendida en el suelo suplicándole que no la matara, pero el marido, con una sangre fría que heló aún más mis venas volvió a dispararle a bocajarro, cayendo ésta fulminada.
yo estaba paralizado, ni siquiera pude reaccionar. el hombre abrió la puerta de la cocina, pasó por mi lado sin verme, y eso que yo no me moví. Pensé que estaba acabado, que ahora me dispararía a mí, pero pasó de largo sin siquiera inmutarse.
Fue a un cobertizo, sacó una pala y excavó un gran agujero en medio del jardín. Llevó los cuerpos de la pareja, los dejó caer dentro y tapo el agujero; fue a la parte trasera del jardín y volvió con dos rosales blancos.
Los plantó, después fue hasta la grúa, arrancó y se fue Volví a la casa. La mujer seguía sentada en aquel orejero… mis pelos se erizaron, ésta me miró y dijo:
—Esto es un horror, estoy reviviendo esto una vez tras otra, mi marido no era mala persona, pero los celos le podían, él no puede verte porque todavía vive y nosotros no podremos descansar en paz porque nuestro asesinato nunca se resolvió, por favor, ¡ayúdenos!
Me giré y vi al mecánico: era un chico joven, de unos veinticinco años, apuesto. Me dijo que tenía novia y que iban a casarse dos semanas después de lo ocurrido y al igual que Isabel, mientras no se esclareciera lo ocurrido no descansarían en paz.
Miré al exterior, estaba amaneciendo. Escuché el sonido de unos pasos; pensé que sería el marido que volvía de dejar la grúa.
Salí de la casa por la cocina, —el sol ya despuntaba—, me dirigí a la puerta principal y llamé. Me abrió un viejecito muy mayor.
—Hola buenos días señor González, ¿puede ayudarme? He tenido una avería… el viejo me miró con cara de malas pulgas, me señaló el teléfono; esta vez sí estaba allí, entonces llamé a la policía que en menos de veinte minutos estaba allí.
Les dije:
—este señor mató a su mujer y a Estefan, un mecánico que debía de vivir cerca de aquí.
— ¿Cómo sabe usted esto? —Pregunto la policía,
—Lo sé, dije yo.
—Este caso se cerró hace más de 50 años.
—Están enterrados aquí, —les mostré el lugar exacto. los rosales estaban hermosos, llenos de rosas blancas, era una pena que tuviesen que arrancarlos para sacar los cuerpos. El policía me miró dudando. pero al final me dijo: —si esto es una broma, créame que lo pagará caro.
Los forenses vinieron junto un grupo de hombres con palas, excavaron y encontraron los restos de la pareja. Al mirar a la casa vi a ambos con cara de gratitud y con una mirada feliz asintieron para darme las gracias. Se dieron la vuelta y desaparecieron. El marido, que había permanecido callado todo el tiempo. Me miro y preguntó:
— ¿Cómo lo ha descubierto?— Lo miré y le dije:  
—Mi coche se estropeó  un par de Km. de aquí, vine a pedir auxilio; Usted  no pudo verme pero yo a usted sí. Vi cómo los mataba y los enterraba.
Ellos me pidieron ayuda para poder descansar en paz y yo se la di.     

Gacias joven me dijo el viejo, me has quitado un gran peso de encima. Y con las manos esposadas se lo llevaron. Imagino que por su edad pasará el resto de su vida en alguna residencia pagando el mal que hizo años atrás por algo que ni siquiera había ocurrido.
¡Hoy! Después de hablar con una psicóloga hemos llegado a la conclusión que yo pude verles porque estuve a punto de morir aquella noche, congelado en la carretera y gracias al estado en que estaba, pude ver a aquella extraña pareja.
  


Vicente Devesa 2013 ®