sábado, 15 de febrero de 2014

Rebaño




Añoranzas de mi niñez,
cuando llevaba las cabras a pastar,
eran tiempos bellos en los que soñaba
y reía
y jugaba
y sentía que la vida era pura melodía
y cantaba
y silbaba
y cuando el rebaño se cansaba
a su corral lo devolvía
y soñaba
y sentía
y pensaba que este mundo
jamás se perdería en la pérfida avaricia,
pero ¡que ironía!,
por aquel entonces, que feliz me sentía.