sábado, 13 de octubre de 2012

BIEN O MAL, BUENO O MALO.


  

Estoy sentado en la terraza de un bar.
Ante mí una humeante taza de café,
un cigarro y mi soledad,
mi mente soñadora me cuenta historias
de amor,
que yo todavía, sin saber bien por qué,
plasmo en una hoja de papel,
quizá sea porque la vida me quiso enseñar
a base de golpes;
que por mucho que se empeñen
en darnos a entender que no somos nada
más que una pequeña mota de polvo,
en el fondo sabemos que somos mucho más:
Estamos hechos a semejanza de nuestro Creador
y quien nos creó es muy poderoso
pues está hecho a base de la experiencia
que sólo puede dar Amor,
¿Cómo, si no, podría haber hecho una obra
tan magistral?
Sólo aprendiendo cada día que en la vida hay
muchas cosas malas que sólo pueden llevarnos
a nuestra propia destrucción.
Podemos aprender que con amor
podemos alcanzar la plena felicidad,
si cada persona de este mundo
viera a su semejante como a si mismo
y le desease el mismo bien que quisiera para él.
Este mundo volvería a ser el paraíso
para el que fue creado,
algo difícil pero no imposible,
algo que sólo puede aprenderse viviendo,
o mejor dicho, conviviendo cada día
con la amargura, el miedo, el desasosiego
y la mala fortuna, solo conociendo eso,
podemos lograr ser gente de bien.
Pues si conocemos esto, nuestro ¡yo solo!
puede desear todo lo contrario.
¿Qué seria del bien sin el mal?
o ¿qué seria del mal sin el bien?
Simplemente no existiría nada,
porque si no conocemos lo malo
jamás podríamos conocer lo bueno