miércoles, 27 de julio de 2011

AQUELLA CASA DEL BOSQUE





Una fría noche de lluvia
Era tarde tenía que regresar deje a mi novia Susana en su casa y agarre el coche para volver a mi casa, los árboles se doblaban por el fuerte viento, a través de la ventana del acompañante escuchaba el viento como si fuesen gritos, la piel se me erizo, parecían gritos de terror.
De pronto un ciprés cayo delante de mi arrancado de cuajo, un rayo cayó justo a mi lado, por el retrovisor vi una sombra pasar, abrí la ventana y grite ¿quién anda ahí? Pero nadie contesto, intente dar la vuelta pero me fue imposible, acababa de pasar un riachuelo que apenas solía llevar agua pero en aquel momento bajaba tan lleno que se llevó el puente justo cuando acababa de pasar.
Maldita mi suerte me dije, vaya nochecita que me espera, tendré que dejar mi coche y salir por pies.
Aquello se estaba volviendo peligroso, ande unos metros y a través de un claro del bosque pude ver una tenue luz, ¡por fin! me dije, ¡una casa! desde allí podre llamar  para pedir ayuda, mi celular había quedado sin batería además en aquel lugar no había cobertura, conforme me acercaba a la casa un escalofrió recorrió mi médula espinal, aquella casa parecía salida de una película de terror, las ventanas cerradas la madera desgastada, negra como si se hubiese prendido fuego, en fin si desde ahí puedo pedir ayuda igual me da la apariencia de la casa.
Llame a la puerta y al segundo golpe la puerta se abrió dude unos segundos pero el frío y la lluvia que me estaba calando hasta los huesos me hizo entrar sin dudar demasiado,
¡Por Dios! me dije, una escalera a la derecha y un pasillo a la izquierda, aquello era terrorífico solo iluminado por la tenue luz de una lámpara de aceite.
¡Hola!
¡Hay alguien ahí! ¡Hola!
Un silencio espectral roto solo por el aullido del viento y algún que otro rayo
¡Hola! Grite. Necesito ayuda la carretera está cortada y no puedo mover mi coche.
¿Hay alguien?
La puerta se cerró de golpe, me gire y trate de abrirla pero estaba atascada, de pronto escuche la voz de un niño.
Mama, mama ¿Dónde estás?
¡Mama! Tengo frío, me ahogo.
Mama ¡ayúdame! Por la escalera bajaba un hilo de agua, mi reacción fue subir corriendo para auxiliar al niño.      
A mitad de la escalera un peldaño cedió y mi pierna se hundió quedando atrapada, pude sentir un fuerte dolor en mi pantorrilla como si se me hubiese clavado algo, brame con fuerza y tire hacia arriba, mire mi pierna, tenía una herida profunda en la pantorrilla, sangraba mucho pero los gritos hicieron que me olvidase de la herida, me decidí a subir pero esta vez con más cuidado subí los escalones hasta llegar al rellano allí me encontré con cuatro puertas cerradas comencé a abrir una a una, la primera, era una habitación doble todo tirado por los suelos, la segunda, otra habitación está más pequeña, con una pequeña cama y una cuna, busque pero allí no había nadie, abrí la otra puerta, era el baño, al fondo, una bañera rebosaba agua el grifo estaba abierto;
Me temí lo peor, al acercarme vi un niño en el fondo me abalance para sacarlo pero cuando metí los brazos para sacarlo este desapareció.
Dios creo que el frio y el hambre me jugaron una mala pasada, de pronto otro grito desgarrador, esta vez venia de arriba, mire la otra puerta, me dije se habrá escondido por el miedo, grite ¡hola! Niño no te quiero hacer daño solo vine en busca de ayuda,
¿Y vuestros padres?
¡Nada! Silencio total solo roto por el viento y la lluvia, abrí la última puerta, una escalera llevaba al desván, subí, ¡niños! Grite, les quiero ayudar; escuche unos sollozos detrás de un baúl, me acerque, pero allí no había nada de pronto unos golpes que parecían salir de la misma pared el baúl se movió y dejo ver una madera entre abierta en la misma pared la agarre y de un tirón la arranque no podía ver nada así que encendí mi mechero, hola ¿estáis ahí? si escuche, ¡gracias! Al fin me dije con esfuerzo arranque otro pedazo de madera y un montón de huesos cayeron a mis pies cuando acerque la llama del mechero vi dos pequeños cráneos allí tirados di un salto hacia tras y me caí dándome un fuerte golpe en la cabeza recuerdo que la vista se me comenzó a nublar y vi la carita de un niño que con una triste sonrisa me daba las gracias en brazos llevaba un bebe, de pronto perdí la consciencia.
¡Rubén, Rubén! ¿Estás ahí? Era la voz de mi novia Susana, ¡si estoy aquí grite! subieron dos policías con ella me ayudaron a incorporarme tenía mi pierna ensangrentada y dolorida.
Vi tu coche en la carretera, por Dios Rubén ¡tú pierna! No es nada le dije, esta mañana tu madre me llamo pensando que te habías quedado en casa por el mal tiempo, te llame pero al no contestar decidí salir en tu búsqueda, llame a la policía y ellos me han ayudado.
¡Si exclamé! Salí de mi coche en busca de ayuda pero dos niños estaban en apuros y subí para ayudarles,
Rubén aquí hace años que no vive nadie, dijo Susana.
Vivían una mujer y sus dos hijos pero la mujer fue alcanzada por un rayo cuando trataba de cerrar la casa incendiándose la entrada, los niños no aparecieron jamás se creyó que salieron al bosque y las fieras se encargaron de ellos, una triste historia Rubén, desde entonces la casa está vacía.
Creo Susana que los encontré, indique a la policía el rincón del baúl, estos lo apartaron y allí estaban sus huesos, habían quedado emparedados en la doble pared del desván mientras se escondían aterrados por los gritos de su madre mientras se quemaba a causa del rayo y allí se ahogaron quedaron sepultados en su propia casa, me di la vuelta y como en una nube vi a los pequeños desvaneciéndose entre el vapor el mayor sonriendo y agarrado a su hermano me saludo dándome las gracias antes de desaparecer entre una luz blanca, al fin podrán descansar en paz.
Abrace a Susana y con la ayuda de los policías regresamos hasta el coche, jamás podré olvidar los gritos de aquellos niños que con su miedo trataron de esconderse y allá en su propia casa encontraron la muerte y no descansaron hasta que fueron encontrados, aquel ciprés que vi caer ya no estaba en el suelo y el puente seguía allí tal y como siempre, aquella sombra hoy pienso que quizás fue el propio niño oh quizás la madre que me llevo hasta ellos para que los encontrase, gracias a Dios los encontré y hoy reposan en paz junto a su madre en el cementerio de este pueblo.
® Chente Devesa 27/07/2011